Spanish – Alice in Wonderland

Alice in Wonderland - Spanish

Alicia en el País de las Maravillas

Érase una vez una niña llamada Alicia. Era un lindo día de verano y estaba sentada en su jardín con su hermana Dina. Su hermana estaba leyendo en alto un libro muy aburrido, así que Alicia empezó a aburrirse también., cuando de repente, Alicia vio pasar a un conejo de ojos rosados corriendo justo delante de ella. ¡El conejo llevaba puesta una gabardina y un reloj de bolsillo! Le pareció extraño ya que Alicia nunca había visto a un conejo llevar ropa. Le escuchó gritar “¡Llego tarde!, ¡llego tardísimo!” Impresionada, se levantó de entre las flores y le siguió.

“¿A dónde irá como consejo como ese?”, se preguntó Alicia. De repente, vio cómo el conejo saltaba en un agujero junto a un árbol. Se acercó y miró dentro, preguntándose hacia dónde llevaría. Se asomó tanto por el hueco que cuando quiso darse cuenta… ¡estaba cayendo dentro del agujero! Caía hacia abajo entre la oscuridad durante lo que le pareció una eternidad, cuando de repente, golpeó el suelo de un batacazo. Había aterrizado en una habitación donde había puertas de extraños tamaños y diferentes colores cubriendo cada centímetro de las paredes.

Había una pequeña mesa a su lado. Solo tenía tres patas, y encima había una pequeña llave dorada y una botella de cristal rosada. En la etiqueta de la botella ponía “Bébeme”. Alicia agarró la pequeña llave y fue probándola en la cerradura de todas las puertas. Encajó en la más pequeña, que no era más grande que una hoja de papel. “Soy demasiado grande para caber en una puerta tan pequeña!”, murmuró Alicia, “pero quizá esta bebida pueda ayudarme”. Se bebió hasta la última gota del líquido rosado… ¡y empezó a hacerse más pequeña!

Se hizo más y más pequeña hasta que tener el tamaño de las muñecas con las que jugaba en casa. ¡El tamaño perfecto para entrar por la puerta! Al otro lado, encontró un hermoso jardín cubierto por cientos de flores diferentes. Las flores eran más altas que Alicia y tenían preciosas caras rodeadas de abundantes pétalos. “¡Una niña!”, gritaron las flores con sus chillonas voces, “¡una pequeña y sucia niña!”. “No soy sucia”, dijo Alicia molesta, “¡me caí por el agujero del conejo!” Decidió que aquellas flores no le gustaban tanto, así que caminó hacia el final del jardín.

Tras unos pasos se encontró con una inmensa seta de color gris. Encima de la seta estaba sentada una oruga verde y gorda. La oruga estaba haciendo pompas con una enorme varita y llevaba puesta elegante chaqueta azul. “Hola señor”, le dijo Alicia a la oruga, “estoy intentando volver a mi tamaño normal. ¿Podría ayudarme?” La oruga seguía haciendo pompas perezosamente. “Un lado te hace grande, el otro lado te hace pequeña”, le susurró a Alicia. “¿Un lado de qué?”, le preguntó Alicia. “De la seta, por supuesto”, contestó.

Alicia no conseguía decidir qué lado elegir, así que cerró los ojos y tomó un gran puñado de la seta. Mientras comía, empezó a crecer. “¡Menos mal!”, gritó Alicia, “me pregunto que debería hacer ahora…”. “Podrías tomar ese camino e ir a ver al Sombrerero Loco”, le dijo una voz, “o ese otro camino para visitar la Libre de Marzo”. Alicia miró hacia arriba y vio un gato naranja sentado en un árbol. Tenía una enorme sonrisa que dejaba ver sus dientes, y una cola peluda al final de su cuerpo. “Diles que te envío el Gato de Chesire”, le dijo sonriendo. Para la sorpresa de Alicia, el gato se desvaneció de repente, desapareciendo sin rastro, como si nunca hubiera estado allí.

Alicia siguió caminando hasta que se topó con una enorme mesa entre los árboles. Estaba llena de platos con mermelada y bizcochos, teteras, tazas y pasteles. “¡Una fiesta de té!, pensó Alicia. Un hombre con una chistera ladeada y cabello enmarañado saltó desde uno de los asientos. “Si quieres comer, tienes que responder a una adivinanza”, le gritó a Alicia. “¡Me encantan las adivinanzas!”, dijo Alicia. “¿En qué se parecen un cuervo y un escritorio?”, preguntó una liebre gigante con largas orejas marrones que estaba sentada al final de la mesa.

Alicia dio muchas respuestas, pero ninguna tenía sentido. “¿Te rindes?”, le preguntó el Sombrerero Loco. “Sí, ¿cuál es la respuesta?”, respondió Alicia. “¡No tenemos la menor idea!” exclamó el Sombrerero, y tanto él como la Liebre de Marzo se cayeron al suelo de la risa. Alicia estaba bastante enfadada. ¡Menuda adivinanza más tonta si no tenían la respuesta! Justo después, se encontró un palacio con un inmenso jardín de rosas rojas.

La Reina de Corazones estaba en el jardín de rosas jugando al croquet. Estaba pegando a la pelota con un flamenco dado la vuelta. Parecía estar muy molesta mientras golpeaba la pelota en el jardín. Cuando vio a Alicia dio un grito y la señaló con el dedo. “¡Alguien ha estado robando mis tartas!” exclamó la Reina. “¡Esa niña!, ¡ella es la que las ha estado robando!” Alicia estaba bastante impresionada. Estaba segura de que no se había comido ninguna tarta, pero aun así, los guardias la agarraron.

Arrastraron a Alicia a una sala en la que estaba todo el mundo que había conocido ese día. En el lugar del jurado se sentaron la Liebre de Marzo, el Sombrerero Loco, la oruga y el Gato de Cheshire. El juez entró en la sala con su traje y su peluca. ¡Era el Conejo Blanco! “Pequeña niña”, gritó el conejo, “¡Se te acusa de robar las tartas de la Reina!, ¿cómo te declaras?” En la sala empezó a oírse un gran ruido y la Reino chilló “¡Que le corten la cabeza!” El conejo golpeó su pequeño martillo de juez.

Alicia sintió que alguien le tocaba el hombre y abrió los ojos. “Despiértate”, escuchó decir a su hermana. “He tenido un sueño extrañísimo”, dijo Alicia. Le contó a su hermana todo lo que había visto: el conejo, la fiesta de té, la Reina de Corazones, el juicio… Dina no le estaba prestando demasiada atención y siguió leyendo su aburrido libro de nuevo. Entonces Alicia paró y decidió no molestarla con su historia. Se levantó y caminó a través del jardín hacia la casa. Detrás de ella, un pequeño conejo blanco con ojos rosados corría entre las flores.

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